Historia de Château Clinet
La historia de Château Clinet se remonta al siglo XVII, cuando se fundó la propiedad. A lo largo de los siglos, la finca cambió de manos varias veces, y cada propietario contribuyó a su desarrollo y reputación. En la década de 1980, Château Clinet comenzó a ganar reconocimiento internacional bajo la dirección de Jean-Michel Arcaute y, más tarde, de la familia Audy, quienes implementaron técnicas vinícolas modernas y se centraron en elaborar vinos de calidad excepcional.
En 1998, Château Clinet fue adquirido por la familia Laborde, que desde entonces ha continuado elevando el prestigio de la propiedad en el mundo del vino. Bajo la dirección de Ronan Laborde, Château Clinet ha adoptado una filosofía de viticultura de precisión y una vinificación meticulosa, dando lugar a vinos elogiados por su profundidad, concentración y notable capacidad de guarda.
El terroir de Château Clinet
El terroir de Château Clinet es uno de sus rasgos más determinantes y contribuye al carácter singular y a la calidad de sus vinos. Las 11 hectáreas de viñedo de la finca se sitúan en la célebre meseta de Pomerol, donde los suelos son una combinación de gravas, arcilla y arcilla azul profunda, conocida como «crasse de fer». Estos suelos proporcionan un drenaje excelente y son idóneos para el cultivo de la Merlot, la variedad dominante en Clinet, junto con proporciones menores de Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc.
El viñedo está plantado con un 85% de Merlot, un 10% de Cabernet Sauvignon y un 5% de Cabernet Franc. Este coupage refleja el compromiso de la finca por expresar todo el potencial de su terroir, aportando la Merlot riqueza y redondez, y las Cabernet estructura, frescura y complejidad aromática.
La combinación única de suelos, orientación y variedades de uva permite a Château Clinet elaborar vinos potentes y elegantes a la vez, con una extraordinaria capacidad para envejecer con nobleza durante décadas.
Vinificación en Château Clinet
La vinificación en Château Clinet es un proceso minucioso que aúna tradición e innovación. Las uvas se vendimian a mano y pasan por una rigurosa selección para garantizar que únicamente los mejores frutos formen parte del proceso de elaboración. La fermentación se desarrolla en depósitos de acero inoxidable con temperatura controlada, lo que permite un control preciso sobre la extracción de aromas y taninos.
Posteriormente, los vinos realizan una crianza en barricas de roble francés durante 18 a 24 meses, empleando alrededor de un 60% de roble nuevo cada año. Este proceso de crianza realza la complejidad y la profundidad del vino, permitiendo que los taninos se pulan y los sabores se integren armoniosamente. El resultado es un vino accesible en su juventud y plenamente capacitado para desarrollar mayor complejidad y matices con el paso del tiempo.